Mares benévolos, Canal, novena y zafarrancho

a las puertas de Gatun

Angela Posada-Swafford*

*Corresponsal de El Tiempo, DIMAR y la Armada en la I Expedición Antártica Colombiana

 

Los días a bordo del ARC 20 de Julio comienzan a las 7 am con música a gusto del oficial de guardia de turno. Esta mañana del 20 de diciembre el teniente Raphael López nos levantó al son de Te Empeliculaste, de Silvestre Dangón, seguida de Cumpleaños Feliz, de Diomedes Díaz, porque nuestra productora de Lulo Films, Erika Cindua, estaba de cumpleaños. No solo eso, sino que tenemos un papá nuevo a bordo, ya que el suboficial tercero Fabio Alvarez estrenó bebé (Luciana) a las 10 am de hoy.

No me ha tomado mucho tiempo acostumbrarme a la rutina de abordo, y comenzar a desplegar mis “piernas de mar”, aprendiendo a moverme, subir y bajar escaleras, y abrir y cerrar pesadas escotillas. Hay que ser humilde con estas cosas, pero mi estómago se ha portado a la altura, sin el menor rastro de mareo, salvo algún lejano cosquilleo que se esfuma tan pronto me pongo a masticar un poco de raíz de jengibre. Lo recomiendo altamente: hay algo en su picante escozor que despeja la cabeza y acalla cualquier protesta naciente allá abajo.

Ahora que todo es nuevo, y que hemos debido recibir instrucciones, reconocer el buque y pasar el magnífico Canal de Panamá (en lafoto,la entrada a las esclusas de Gatún, en el Caribe), las horas se han vuelto tan líquidas como el agua que nos rodea. Me dicen que a medida que vayan pasando las semanas habrá que luchar contra el aburrimiento.

Me niego a verlo así. No me alcanzan los días para entrevistar a cuantas personas quieran hablar conmigo, leer vorazmente los mejores libros de exploración polar, analizar las ramificaciones del Sistema del Tratado Antártico y la envergadura de lo que Colombia quiere lograr a futuro.

Pero hoy fue un día dedicado a cosas más prosaicas. Por ejemplo, hacer la lavandería. El buque tiene dos lavadoras y dos secadoras. Puesto que somos 102 personas, es necesaria la organización militar para que todos podamos tener ropa interior fresca; cada semana uno tiene asignada una hora X para lavar y secar. Por lo general ese mismo día uno aspira el camarote, si tiene la suerte de hallar una aspiradora portátil en alguna parte del nivel en cuestión, o de lo contrario, a punta de escoba.

Ayer tuvimos un “zafarrancho de abandono”, durante el cual nos asignaron balsas salvavidas, y nos dieron instrucciones de qué llevar con nosotros durante una emergencia. Muchos de los civiles nos rajamos, por no pensar en cosas como una cobija, loción antisolar o efectos personales como remedios y aspirinas. Intuyo que los van a volver a repetir sorpresivamente hasta que nos la aprendamos. Uno alcanza a reírse, pero cuando piensa en el lugar a donde vamos, la sonrisa se esfuma. Por mi parte, ya tengo listo el morral de emergencia.

Luego, frente a Juanchaco, pasaron un montón de cosas: se aprovechó el momento de calma para hacer un par de maniobras con el helicóptero (un Bell 412), incluso bajo una llovizna pertinaz. Estoy a la expectativa del video que “Gladiador”, el copiloto, tomó con mi cámara atada a su casco. Poco después, un buque de desembarco se nos arrimó para traer los equipos polares que no alcanzaron a llegar a Cartagena: varias cajas con cuelleras, guantes, botas y ropa de climas extremos.

En la tarde se hizo un ensayo con las redes de arrastre que el biólogo marino Diego Mojica, en apoyo a las universidades del Valle y de Antioquia, entre otras instituciones, llevará a cabo en varios puntos de la Península Antártica para recoger muestras de plancton. Las botellas con el botín serán estudiadas a bordo, en el “laboratorio húmedo” que el jefe de ciencia, Capitán Ricardo Molares, instaló dentro de un contenedor especial.

Al mismo tiempo, el mayor Juan Miguel Castro, de la Fuerza Aérea, comenzó sus pruebas de fisiología del cuerpo humano en los trópicos versus el  frío extremo, poniendo a algunos de nosotros a caminar como hamsters sobre una cita rodante, conectados a tubos de oxígeno.  Exploraré todos estos temas cuando vaya llegando el momento.

Y en la noche, la novena navideña, con maracas y buñuelos. Cada noche le corresponde el turno de organizar la novena a un grupo diferente. Y como entra en juego la competencia, la novena se va poniendo más técnica y con mejores pasabocas.  El 23, cuando nos toque el turno a los investigadores y comunicadores, estamos pensando echar la casa por la ventana.

El mar nos ha tratado con suma gentileza, con guante de seda, en realidad. Uno –yo, al menos- duerme aquí a pierna suelta. Hace seis horas cruzamos la línea imaginaria del ecuador, y estamos llegando a Guayaquil, donde permaneceremos dos días conversando con el Instituto Antártico Ecuatoriano.

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