Sueños de una Base Antártica Caldas

Ángela Posada-Swafford*
*Corresponsal de El Tiempo, DIMAR y la Armada en la I Expedición Antártica Colombiana
CRÉDITO: Sargento Segundo Ervin Maldonado/Armada Nacional
https://www.dimar.mil.co/
https://programaantarticocolombiano.wordpress.com/

“Esta misión antártica va a ser permanente y espero que cuando tengamos aquí una base, lleve el nombre de Base Caldas”, Ministro de Defensa.

Isla Rey Jorge, Antártica, Febrero 16. Después de una mañana de espesa neblina que amenazaba con echar por tierra los planes de los mortales, la Antártida accedió finalmente a recibir la visita de una noche del Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, la Canciller María Ángela Holguín, el Comandante de la Armada Almirante Hernando Wills Vélez, y los embajadores de Colombia en Chile y de Chile en Colombia, entre otros dignatarios.

Descendiendo en helicóptero con el dramático trasfondo de las rocas oscuras cubiertas de hielo, la comitiva se vio en una playa de pulidas piedras de cuarzo y granito, habitada por un grupo de pingüinos y una foca solitaria. Un par de horas antes, el ARC 20 de Julio había enviado por mar a un grupo representante, compuesto por unas 30 personas entre tripulantes e investigadores de la histórica Primera Expedición Científica Colombiana a la Antártida.

El apretado grupo uniformado con la chaqueta azul oscura y el pantalón gris de la Expedición estuvo de pie durante la ceremonia de 20 minutos, en la cual se develó una placa dorada con la inscripción: “Colombia refrenda con su presencia en el continente antártico, su compromiso con el futuro de la Humanidad. Primera Expedición Científica Colombiana a la Antártida a bordo del ARC “20 de Julio” de la Armada Nacional”.

Tanto la Canciller como el Ministro hablaron enfáticamente sobre la intención de hacer presencia permanente en la Antártida, expresando su agradecimiento a las Fuerzas Militares que están trayendo a Colombia a este Continente Blanco.

“Siento que estamos en un día histórico, en tiempos históricos para Colombia, que atraviesa por uno de los momentos más interesantes quizás en un siglo, gracias a las fuerzas armadas”, dijo el Ministro Pinzón en medio de un recibimiento de aplausos amortiguados por manos enguantadas, y el sonido del oleaje en la playa de piedras. El atardecer está lleno de una luz opaca, y hay 2 grados C en el aire.

“Leía yo un documento probablemente preparado por esta misión que está aquí, donde encontré algo que me llamó mucho la atención: ¿por qué estamos aquí? Nosotros estamos aquí porque somos uno de los países más biodiversos del planeta”, añadió. “Nosotros estamos aquí porque tenemos una serie de colombianos que andan dedicados a valorar la importancia que tiene ser un país tropical. Un país que le importa el cambio climático. Un país que tiene el riesgo de aquello que suceda en ese aspecto”.

“Esta misión antártica va a ser permanente y espero que cuando tengamos aquí una base, lleve el nombre de Base Caldas”, dijo el Ministro refiriéndose al Sabio Francisco José de Caldas.  “Hace 200 años y algunos meses él fundó la Escuela Militar de Ingeniería, allá en Ríonegro y se dedicó a hacer de la investigación científica una tarea donde las fuerzas armadas podían jugar un papel con civiles, con militares y con la sociedad como un todo. Para llegar a esa base tenemos que dar trámite en el congreso y convertirnos en país consultivo, y entrar a la contribución permanente a la investigación científica”.

Por su parte, la Canciller Holguín piensa que la gestión de Colombia en la Antártida es muy positiva, pero hay que hacer bien la tarea.

“Nos tenemos que poner juiciosamente a ir a todas las reuniones del Tratado Antártico, mostrar los resultados de esta súper visita, que fue mucho mayor de las expectativas que había, y mostrar que hay un interés de parte del estado colombiano de estar al tanto de la importancia del cambio climático y la investigación”, me dice más tarde durante un café a bordo. “Realmente mostrar que no era solo por llegar a la Antártida. Yo creo que sí lo podemos hacer. La Armada es muy seria, así que de la mano de ellos es que se va a poder demostrar. Lo bueno aquí es ese acompañamiento de la Cancillería, que puede mostrar ese compromiso, y que es un país que está mirando más allá de su propia realidad y eso lo tenemos que hacer”.

La ceremonia concluyó con fotos, el espontaneo canto del himno llamado por el Ministro, y mientras los funcionarios regresaban al buque, los que nos quedamos atrás perdimos todo decoro y nos deslizamos por la pendiente ladera helada detrás del podio. Casi se podía escuchar el suspiro de alivio de quienes están detrás de toda esta organización.

Asombrosamente, después de dos meses de crucero, el Departamento de Logística del buque se las ingenió para ofrecer una estupenda cena de centolla gratinada con espárragos y queso, filet mignon Cordon Bleu con verduras al vapor y rosetón de papa, para terminar con un muy apropiado Napoleón de postre.

Ese mismo departamento también se las ingenió para acomodar a los 14 huéspedes de la comitiva por una noche, y eso significó hacer cambios de última hora en los camarotes desde el del Capitán Camilo Segovia para abajo. Yo tuve el placer de recibir en el mío a la Ministra Consejera de la Embajada de Colombia en Chile, Marta Galindo, un  motor de pasión antártica.

Poco antes de retirarse a dormir, el Ministro Pinzón y el Almirante Wills reunieron a la tripulación en el hangar del helicóptero y reiteraron su admiración y apoyo por la empresa antártica y el desempeño de los marinos y los equipos de investigadores y prensa. Y en las páginas del libro de visitantes ilustres, el Almirante Wills dejó escrito “Señor Capitán Segovia, usted y su tripulación han marcado la historia; sus gestas y realizaciones quedarán grabadas en las páginas doradas de la Armada colombiana”.

La expresión del Capitán Segovia lo dice todo. Si bien aún no hemos cruzado el Estrecho de Drake (otra gesta que nos espera mañana miércoles), puede decirse que su misión ha sido cumplida. Sólo él sabe lo que significa llevar por primera vez un buque colombiano a las aguas más remotas y complejas del planeta. Pero eso me lo contará cuando lleguen momentos de calma.

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Tuve el inmenso honor de escribir las palabras que se leyeron durante la ceremonia de la Primera Expedición Antártica Colombiana:

Bienvenidos a este continente extraordinario en el fin del mundo. Antártida. El último territorio virgen de la Tierra. Un vasto desierto de hielo que ha atraído a exploradores de todo el mundo durante siglos, y el único lugar del planeta donde los países trabajan juntos con el objetivo de preservar su inmenso valor científico y geopolítico para el bien común. Un mundo cuya inmensa riqueza está protegida por un manto blanco y una poderosa corriente oceánica. Un desierto de cristal que es responsable de los patrones de clima global. Incluso aquellos del caliente trópico.

Los invitamos a que observen a su alrededor. En esta playa simbólica de hielo y basalto negro,  Colombia da hoy sus primeros pasos en la Antártida. Como niños curiosos en un planeta nuevo, nos llenamos las manos de arena y hielo; y los ojos de ilusiones sobre nuestro futuro antártico, blanco y azul como el continente al cual queremos transmitir algo de nuestra alegría tropical.

Venimos a dar y a recibir.

Con este primer crucero de expedición, hemos venido a interrogar los secretos de este medio ambiente, aún desconocido en pleno siglo 21. Hemos venido a entender la relación de las corrientes marinas y sus microorganismos con aquellas de nuestras propias aguas cálidas. Y a determinar si las ballenas jorobadas que nacen en nuestra costa Pacífica son hermanas o primas de las que vemos en estas aguas polares.

Hemos venido a dar un aporte a la seguridad marítima mundial, a través de la elaboración de cartas náuticas que llenen el vacío de información del Estrecho de Gerlache, el lugar más turístico del Continente Blanco. Nuestros instrumentos oceanográficos son ojos para ver las montañas que se esconden bajo la superficie del mar, el jardín secreto donde retozan las ballenas.

Venimos desde la distancia a reforzar ese lazo invisible que nos une biológicamente, climáticamente y simbólicamente con esta Terra Incognita. Recibimos en préstamo una Antártida saludable y prístina, y así debemos entregarla a nuestros hijos y nietos. Entendemos que nuestros destinos están unidos, y a partir de hoy saludamos a la bella Antártida con un simbólico despliegue de nuestra bandera, con la promesa de estudiarla, respetarla y protegerla.

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