Lecciones en medicina polar

Ángela Posada-Swafford*
*Corresponsal de El Tiempo, DIMAR y la Armada en la I Expedición Antártica Colombiana

Crédito fotos: Ángela Posada-Swafford

https://www.dimar.mil.co/
https://programaantarticocolombiano.wordpress.com/


unnamed (2)Es interesante leer la lista de medicamentos que el explorador Ernest Shackleton llevó en su Expedición Imperial Transantártica hace cien años, a bordo del célebre velero
Endurance. El largo documento incluía cosas como clorato de potasio, quinina, alcanfor, morfina, ácido bórico, laxante vegetal, esencia de jengibre y algo con el maravilloso nombre de ‘cáscara sagrada’.

Nuestra propia lista a bordo del ARC 20 de Julio comienza con amoxicilina y termina con yodo bucofaríngeo. Contenidas en las gavetas de metal de nuestra blanca enfermería hay todas las medicinas legadas por un siglo de adelantos y miniaturizaciones médicas.

También hay un electrocardiógrafo, un electrocauterio para cirugías, una bomba de infusión para administrar medicamentos líquidos; balas de oxigeno portátiles, equipos de monitoreo de signos vitales del tamaño de una laptop; una autoclave para esterilizar cosas, succionadores, un desfibrilador automático externo y un ventilador mecánico.

Sumados a lo que han podido anticipar el médico anestesiólogo y Capitán de Fragata Mauricio Romero Hernández y el Suboficial Jefe enfermero Juan Guillermo Barrantes para esta expedición polar, los aparatos y medicinas constituyen un bien dotado hospital flotante, como corresponde a un buque antártico.

Entre los dos, médico y enfermero tienen más de 40 años de experiencia en el área de sanidad operacional de la Armada Nacional. Romero no solo es el subdirector de servicios de salud de la Dirección de Sanidad de la Armada, sino que tiene experiencia en medicina del buceo y la aviación, y como anestesiólogo es capaz de realizar procedimientos quirúrgicos básicos. Por su parte Barrantes es instructor de instructores de enfermería de combate en Colombia, ha hecho rescate acuático y fue socorrista de la Cruz Roja. Ambos han prestado servicio en más hospitales navales y buques del difícil territorio colombiano de los que quisieran acordarse.

Frío y aislamiento

Pero para ambos la Antártida era un escenario nuevo. Por un lado el frío. Aunque la Península Antártica no llega a tener los -40 grados centígrados que ostenta el interior del continente durante el verano, las temperaturas durante esta expedición bajaron hasta los -2 grados (y -10 incluyendo el factor del viento). Y eso, para una tripulación netamente tropical, es toda una experiencia.

???????????????????????Uno de los retos en este sentido fueron los guantes, que no estaban impermeabilizados, y congelaban las manos de quienes hacían operaciones con los botes o los equipos húmedos. Pero entonces entró en juego la inventiva de Barrantes y Romero, que pusieron doble y triple capa de guantes de cirugía debajo del guante de lana.

No sólo estaba el frío, sino que Antártica es un lugar donde los recursos para una evacuación son demasiado limitados, o nulos. Una discapacidad médica iba a ser un problema para la operación”, dice Barrantes. Por eso la planeación fue tan sumamente rigurosa.

Con el Jefe Barrantes y la Teniente Dra. Diana Chávez en la Dirección de Sanidad buscamos los protocolos latinos antárticos de Chile, Brasil, Argentina, y los mezclamos con los de actitud sicofísica para aviación y buceo”, dice el Dr. Romero. “Entonces el protocolo de exámenes que sacamos incluía riesgos de patologías abdominales, neurológicas, cardiovasculares y urológicas. Es decir, queríamos cubrir todos los sistemas, y también todas las vacunas”.

Recuerdo que la lista de exámenes médicos rivalizaba con la de un astronauta. La maratón de pruebas incluía encefalograma, audiometría tonal, radiografía de tórax, espirometría, electrocardiograma, ecografía completa de abdomen, todas las pruebas imaginables de sangre, examen sicológico y al menos ocho vacunas. En otras palabras, pocos buques se habían hecho a la mar con una tripulación tan saludable como el nuestro.

No fue gratis. Hubo gente que quedó descalificada, y otros que tuvieron que someterse a operaciones; sin ir más lejos, el mismo comandante dejó atrás su vesícula. Otros más no pasaron el examen sicológico, una evaluación que determinaba la propensión a la depresión por el aislamiento.

A bordo la mayoría de los casos presentados fueron episodios de infecciones respiratorias del tracto superior, o sea, gripas, por los cambios de temperaturas. Hubo pequeños virus que iban y venían, por lo que en una ocasión se decidió recircular el aire con aire antártico fresco, y eso fue suficiente para matar todo lo que rondaba por ahí. Se dio un caso de varicela, por una reacción a la vacuna, algo que no es frecuente pero pasa, y fue un ejercicio interesante de aislamiento, aunque no tan interesante para la paciente, que tuvo que pasar el año nuevo con la nariz literalmente pegada al vidrio de su camarote viendo los fuegos artificiales de Valparaíso.

Hubo un muchacho con dolores en el pecho que no eran del corazón, pero que se evaluó con electrocardiograma y radiografía del tórax, y se estableció que era un dolor de otro origen, se trató y está normal”, recuerda el Dr. Romero, quien con Barrantes hacían las rondas diarias de sus pacientes como médicos de pueblo chiquito.

Que sus casos no pasaran de ahí, y de los consabidos dolores musculares, es una combinación de suerte y preparación. Pregunto qué recomendaciones hay para las próximas expediciones, y qué ha dejado la experiencia como lección.

Recomendaríamos que la próxima tripulación haga un curso de entrenamiento para condiciones de exploración antártica, ya dentro del continente”, dice el Dr. Romero. “Por si se da alguna necesidad podemos tener la gente capacitada”.

Barrantes está de acuerdo. “Hemos aprendido muchas cosas. Nuestra Armada está acostumbrada a tratar casos en la humedad, en el calor, pero no lesiones por congelamiento. Las hipotermias que vemos son dentro de los 16 grados, y en escenarios donde todo se facilita. Por eso hay que seguir pensando en que la preparación es esencial. Yo además le recomendará al próximo enfermero traer libros de medicina para reaprender y mantenerse siempre encima de todo”.

¿Volverían a Antártica?

Sí claro. Con mi señora”, dicen ambos. “Este lugar posee una belleza extrema, diferente y no comparable con nada. Es un medio que enamora. El blanco, el mar, las diferencias de animales, todo es una combinación perfecta”.

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2 comentarios en “Lecciones en medicina polar

  1. Ursula De guerrero

    Hooola, no ha faltado ningún tema de ser comentado, que interesante la comparación de medicamentos hace 100 años y el equipamiento con el que contó ahora la expedición, se pensó en TODO. Impresionante el nivel de PREVISIÓN que se tuvo en todos los distintos factores que se podían presentar. Gracias por compartir esta experiencia, desde todo punto de vista, SUPER INTERESANTE. Buen retorno a casa que esta ya muy cerca. Afectuoso abrazo Ursula de Guerrero

    Enviado desde mi iPad

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  2. Gracias Ursula por compartir tu opinión.

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