Fuego bajo el agua: soldadura submarina a 1 grado C

buzos-y-tenders-chilenos_angela-posada-swafford

En la foto: los buzos e instructores chilenos Jaime Inostroza (der.) y José Cid (izq.), flanquean al  suboficial segundo y buzo de seguridad “standby” José Sierra, y a Reney Patiño Alarcón, suboficial tercero de la Armada. Puedes ver a los buzos en accion en este video:

Texto y fotos Ángela Posada-Swafford

El sargento segundo de infantería de marina Arlin Berney Quintero Alzate está metido dentro de una jaula que cuelga por el costado de babor del buque 20 de Julio. La jaula está sumergida bajo 15 pies de agua tan clara como el más fino cristal azul. Vestido con la versión moderna de un traje de escafandra lleno de cables umbilicales de aire y comunicaciones, Quintero, del equipo de buzos del Departamento de Buceo y Salvamento de la Armada Nacional, está haciendo un trabajo de soldadura que en tierra firme no tendría nada de extraordinario: un ejercicio que consiste en ensayar diferentes aleaciones de metales con las cuales generar cordones de soldadura para unir dos placas metálicas.

La diferencia es que Quintero no solo está bajo el agua, sino que esa agua no pasa de 1 gradoC. Sus manos están manipulando un electrodo cuya punta produce un destello de entre 8,000 y 10,000 grados C, generado por una corriente eléctrica de 220 amperios. La electrocución, la hipotermia y hasta la muerte son consideraciones bastante reales en este escenario extremo, con tan solo un paso en falso, un momento pánico, o una pérdida de comunicaciones.

Lee el articulo completo:

 

Por eso su tender, o ayudante, en este caso el sargento primero de la Armada chilena Jaime Inostroza Ojeda, instructor de buzos con 20 años de experiencia, está en estrecha comunicación verbal y no verbal con él, para anticiparse a sus necesidades, tranquilizarlo y servirle de enlace con el mundo exterior.

“Los buzos trabajamos en el mismo idioma, no importa de dónde seamos”, dice Inostroza.  “Entre nosotros se genera un lazo especial porque uno le dice a su tender “te estoy entregando mi vida en tus manos”.

Por eso también la enfermera y suboficial segundo Marly Hernández, no le quita el ojo a la actividad sobre cubierta. Está lista para actuar en segundos trasladando al buzo a la enfermería, donde también aguarda el cirujano y capitán de navío Dr. Hildebrando Morales.

Al mismo tiempo, el suboficial segundo y buzo de seguridad “standby” José Sierra está cerca de la estación, listo a entrar al agua en caso de necesidad. Está equipado con un tanque doble y un regulador adaptado para ambientes gélidos que en la primera etapa tiene un gel aticongelante.

En la consola de control improvisada sobre cubierta con dos maletines llenos de instrumentos, Jaime Inostroza y José Cid, también sargento segundo e instructor, supervisan esta compleja coreografía.

En uno de los maletines hay un monitor de TV que muestra la imagen de las manos del buzo trabajando, vía una cámara conectada sobre el casco que lleva en la cabeza. El otro contiene las lecturas de profundidad, aire y presión hidrostática, y el sistema de comunicaciones con el buzo, que es un aspecto crucial en todo el proceso.

Quintero, que está vestido con un traje seco y gruesos guantes, tiene en la mano una delgada barra insertada en un mango conectado a un cable. Cuando está listo para iniciar el trabajo, el buzo da la orden a la superficie con la palabra “¡caliente!”, que es la señal convenida para que Inostroza y Cid energizen el cable con la descarga de electricidad.

“Esa barra es lo que llamamos un electrodo. Es como si fuera un fósforo, que se va gastando al fundirse bajo el calor producido por el amperaje. Está hecho de acero y revestido con otros elementos para mejorar la aleación”, me explica Reney Patiño Alarcón, suboficial tercero de la Armada y buzo compañero de Quintero en esta misión.

Bajo el agua, la punta del electrodo se enciende intensamente como la vara de un mago, creando lo que los soldadores llaman un arco de fusión; la magia se produce porque la llama queda envuelta en una burbuja de gas, producto del mismo calor. Durante unos minutos Quintero trabaja en la soldadura de la probeta, deteniendo la descarga eléctrica para martillar el metal recién puesto, y luego lijarlo, antes de colocar más soldadura.

En otras palabras, el buzo está ensayando la forma de reparar el casco de un buque, plataforma o estructura sumergida en mares fríos. Una destreza crucial para cualquier trabajo, crucero o estación de investigaciones en aguas polares.

Para asumir este reto, Quintero y Patiño tuvieron que pasar por un proceso de selección entre los 50 buzos del departamento, que incluyó no solo una revisión de su destreza, sino su perfil sicológico.

“Aparte de la técnica, los buzos colombianos, acostumbrados a aguas tropicales, nos tenemos que acostumbrar a usar el traje seco y a bucear con ropa debajo. Eso es algo totalmente nuevo. Y a la temperatura”, dice Quintero esa tarde. “Pero además, esto sería imposible sin la valiosa ayuda de los buzos chilenos”, añade.

“No comprometimos con Colombia y el proyecto porque entre los buzos hay un enlace especial”, enfatiza Inostroza, quien se especializa en buceo de profundidad.  “Para nosotros también sería espectacular entrar en una cooperación sostenida con Colombia y bucear en el Caribe, acostumbrándonos a las aguas extremadamente cálidas del trópico y a usar mezclas de gases”.

Debido a la topografía de su país, Inostroza y Cid han tenido que bucear en toda clase de terrenos, y explican que  el proceso de postulación para ser buzo de la Armada chilena es duro y largo, ya que de cada 100 que se postulan solo se gradúa el 30 por ciento, y durante los primeros dos años prácticamente no ven el mar. Por eso existen hoy menos de 200 buzos chilenos, contra los 400 de la Armada colombiana.

“En 2010, cuando un avión caza cayó en la isla Juan Fernández, la Armada chilena decidió capacitar buzos de profundidad hasta los 100 metros”, dice Inostroza. “Ese ano también sufrimos un terremoto en Talcahuano, y se hundieron buques. Yo salí en marzo de casa y regresé en octubre por estar haciendo trabajos de soldadura y rescate. Hubo que perder gente y aviones para aprender a que necesitábamos llegar más profundo, y eso es lo que Colombia debe hacer: no esperar a un accidente para tomar acción”.

Media hora después de haberse sumergido, Arlin Quintero es izado hacia la popa, y llevado al interior del buque a calentarse con un chocolate. La sesión de hoy ha terminado, pero la curva de aprendizaje submarina  de Colombia en los hielos antárticos apenas está comenzando.

Puedes ver a los buzos en accion en este video:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s