Latinoamérica en el frío

Por Ángela Posada-Swafford

Bases y estaciones de investigaciones visitadas

  • Juan Carlos I, Isla Livingston (España)
  • Base Castilla, Isla Decepción (España)
  • Yelcho, Isla Doumier (Chile)
  • Palmer, Isla Anvers (EE.UU.)
  • Base Gabriel González Videla, Península Antártica, (Chile)
  • Primavera, Península Antártica (Argentina)
  • Profesor Julio Escudero, Isla Rey Jorge (Chile)
  • Estación Científica Carlini, Isla Rey Jorge (Argentina)
  • Estación Pedro Vicente Maldonado (Ecuador)

 

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Hay que mirar bien: ese punto naranja al fondo es la Base Yelcho, de Chile. Mejor situada, imposible. Credito: Angela Posada-Swafford

Si bien Latinoamérica estaba históricamente a la zaga en cuestión de ciencia antártica revisada por pares, un extenso estudio publicado en 2013 en la revista indexada Polar Research por un grupo de investigadores chilenos encontró que la región está avanzando a paso firme, y que sus puntos fuertes son la ecología y la biología.

Encabezado por la bióloga de la Universidad de la Serena Gisela Stotz, el estudio halló que entre 1985 y 2010 se publicaron 254 papers científicos sobre ecología antártica escritos por autores latinoamericanos. “Encontramos artículos publicados desde los años 40. Argentina, Brasil y Chile representaron el 90%  de los artículos hallados en portales de ciencia. El 5% restante provenía de Costa Rica, El Salvador, México, Perú, Uruguay, República Dominicana y Venezuela. Autores argentinos estaban involucrados en más de la mitad de todos los artículos que encontramos”.

Eso tiene sentido porque Argentina lleva 112 años de presencia continua en la Antártida. Latinoamérica está presente en ese continente a través de las plataformas de investigaciones (bases, buques, campamentos) de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay, todos miembros consultivos del Tratado. Otros países como Venezuela envían a sus investigadores a trabajar en los buques o bases de esas otras naciones.

La Expedición Almirante Padilla visitó nueve bases de Chile, Argentina, Ecuador, España y Estados Unidos, más que doblando el número de la primera Expedición Caldas. Cada visita reforzó los lazos de amistad y cooperación en todo sentido. La enorme experiencia antártica de todos esos países es oro en polvo para el Programa Antártico Colombiano, que no ha dejado de tomar nota.

En la base ecuatoriana Pedro Vicente Maldonado, por ejemplo, que lleva 20 años de servicio antártico en la hermosa isla de Greenwich, se llegó a la conclusión de que las cosas se facilitan si al final de cada temporada de verano se deja un contenedor con los objetos y alimentos no perecederos básicos de supervivencia listos para que los próximos ocupantes de la base pongan todo en marcha en apenas cuatro horas.

“Lo importante es no perder la continuidad de venir año tras año”, dice el director de la base capitán de navío Carlos Breilh, quien hasta hace poco fuera comandante de uno de los submarinos de su país. “Durante esta temporada les estamos dando apoyo a nueve investigadores del Instituto Antártico Ecuatoriano con 12 proyectos de ciencia. Esperamos que en un futuro podamos ser anfitriones aquí de algunos investigadores colombianos”.

La base argentina Carlini, en una punta de la isla Rey Jorge, ya recibió colombianos. El año pasado tuvo al biólogo Marino Diego Fernando Mojica, con un proyecto de elefantes marinos. Este año apoyó a la historiadora Natalia Jaramillo, de la Universidad de Los Andes, ayudándola con la logística de transportarse entre otras bases.

Carlini tiene amplios laboratorios y hasta un equipo de buzos con todo y cámara de descompresión al servicio de los científicos. Está estratégicamente ubicada al lado de una zona especialmente protegida, y tiene enfrente un monolito de roca que parece salido de un filme de ciencia ficción. Está entre las más grandes estaciones de esa nación pionera de los hielos, y alberga de 60 a 80 personas mitad personal de apoyo y mitad científicos de todas las especialidades imaginables.

Según el arquitecto Raúl Rodríguez, de la Dirección Nacional del Antártico, Argentina planea renovar la base con edificios nuevos. “Estamos mirando con mucho interés el experimento de la estación de India, que está basado en contenedores de barco. Un modelo sostenible y económicamente viable para nuestros países”.

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Base espanola Gabriel de Castilla, en la Isla Decepcion. Credito: Angela Posada-Swafford

Quizás la base más exóticamente ubicada es la española Gabriel Castilla, asentada en medio de la boca de un volcán activo, en la isla Decepción, parte de las islas subantárticas. Aquí donde el frío y el calor se pelean y los turistas acuden a bañarse en aguas termales, los geólogos, biólogos y ambientalistas interrogan uno de los más extraños ecosistemas del planeta.

En otro momento de la expedición, los edificios rojo escarlata de la histórica base naval de la Armada chilena Arturo Prat, en la isla Rey Jorge, aparecen una mañana en medio de la más espesa neblina. Su excelentísimo anfitrión, el capitán de fragata Octavio Rodríguez nos recibe con una cordialidad inolvidable y una pastelería estupenda. Este 7 de febrero, la estación cumple 70 años, y el capitán Rodríguez ha organizado todo un festejo, invitando a los expedicionarios y personal de apoyo de las bases de las islas vecinas.

“La inauguración de la base en 1947, la primera de Chile en la Antártida, es uno de los hitos más importantes de la Armada en territorio antártico después de la heroica hazaña del escampavía Yelcho, durante el rescate de los sobrevivientes del Endurance en 1916”, dice el capitán Rodríguez.

“Latinoamérica está teniendo un desarrollo importante de sus programas antárticos”, me ha dicho anteriormente el geólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Jerónimo López, quien fuera el presidente del Comité Científico para la Investigación en la Antártida. SCAR, por sus siglas en inglés, es la organización encargada de promover y coordinar la investigación científica en la Antártida, y de asesorar al Tratado Antártico en temas de ciencia.

“Con sus bases, modernos buques oceanográficos, y programas sólidos, la región tiene un gran potencial para la investigación antártica”, añade López.

Esas palabras son la clave porque sugieren que Latinoamérica debe pensar en su futuro antártico, no como países aislados, sino como bloque regional, unido por el mismo hielo que une al Continente Blanco.

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