A toda máquina en el corazón del ‘ARC 20 de Julio’

Por Ángela Posada-Swafford (http://www.angelaposadaswafford.com/)

*Corresponsal de El Tiempo, DIMAR y la Armada en la I Expedición Antártica Colombiana

Foto: Cada hora, el Marinero Segundo Daniel Cantor chequea los sistemas de propulsión.

Las horas de guardia del Marinero Segundo Daniel Cantor, motorista de la División de Propulsión a bordo del ARC 20 de Julio son cortas pero intensas.

“Son cuatro horas de guardia y luego ocho de descanso”, dice una tarde durante el inicio del descanso, cuando abren la Cantina y muchos marineros se agolpan a comprar paquetes de papas, gaseosa y paletas. Estamos volando a toda marcha hacia Valparaíso, con mares encabritados. Las olas son tan empinadas que dejan a veces huecos de aire bajo el casco, y sentimos los golpes del metal cuando cae de nuevo sobre el agua. “Cada hora pasamos un monitoreo visual al equipo del cuarto de máquinas, verificando temperaturas, presiones, niveles de aceite y de agua en todas y cada una de las máquinas del cuarto, asegurándonos que estén dentro de los niveles normales”.

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En Guayaquil: ciencia, geopolítca y vallenato_Dic 21 y 22, 2014

Ángela Posada-Swafford* (www.angelaposadaswafford.com)

*Corresponsal de El Tiempo, DIMAR y la Armada en la I Expedición Antártica Colombiana

La escultura de bronce del pingüino y la bandera colombiana es uno de los regalos que Colombia hace a los países visitados durante la expedición. Derecha, el Capitán de Fragata Gabriel Abad Neuner, coordinador técnico científico del Instituto Antártico. A l centro, el Capitán de Navío Ricardo Molares, director científico de la I Expedición Colombiana a la Antártida. A la izquierda, de civil, el Capitán Julián Augusto Reyna, secretario general de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, CPPS. / Crédito: Ángela Posada-Swafford

Amalgamados por un cielo plomizo, los cascos grises de los buques de la Armada ecuatoriana en la Base Naval del Sur formaban un paisaje de un solo tono, la mañana de nuestra llegada a este importante puerto suramericano, y la ciudad más poblada de Ecuador. Pero entonces la delegación de la Armada ecuatoriana formó filas, y una raya blanca de uniformes llenó el muelle con un resplandor. La marcial música de recibimiento de la banda militar se mezcló con aquella de los motores de los remolcadores que nos empujaron suavemente de costado hasta que los gruesos cabos de popa y proa quedaron firmemente amarrados a sus bitas.

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