Primero te enamoras de la Antártida…

*Ángela Posada-Swafford*

Primero te enamoras de la Antártida. Y después, la Antártida te parte el corazón. Es un viejo dicho entre quienes trabajan en las bases polares. Después de dos largos viajes a este magnífico lugar como periodista científica con la National Science Foundation de Estados Unidos, primero al Polo Sur geográfico y después a la Península Antártica, en 2006 y 2010, creo que entiendo a que se refieren. Estos hielos tienen el poder de obsesionar. Y para cuando uno se da cuenta, ha sucumbido a lo que los primeros exploradores llamaron ‘locura polar’.

Algo bello y agridulce le pasa a uno por dentro después de semanas en ‘El Hielo’. Yo lo he bautizado como el síndrome de los Horizontes Perdidos. Es la pureza del lugar. La inocencia, aún, de sus paisajes, reflejada en los ojos aterciopelados de los pingüinos. Es ese closet allá en el ático, que apenas si nos atrevemos a entreabrir para que no se derramen al suelo las cosas de valor.

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